Drama
El avaro y el jornalero
Todo su caudal guardaba
cierto avariento cuitado
en onzas de oro, metidas
en un puchero de barro.
Por tenerlo más s…
Epitalamio
III
De pronto, Augusta se incorporó sobresaltada. Una mano en cuyos dedos blancos brillaban las sortijas, alzaba el cortinaje que …
Una mujer respetable
la señora Baroda se molestó un poco al enterarse de que su esposo había invitado a su amigo Gouvernail a pasa…
Alma de artista
Selma cambió el sencillo traje de calle por una bata de seda azul, restos de su pasada opulencia. Con sus zapatitos de raso blanco y …
Los suicidios
Leía hace pocas noches, en la gacetilla arlequinesca de nn periódico, la noticia de un suicidio recientemente acaecido. El p&a…
Los ojos sombríos
Después de las primeras semanas de romper con Elena, una noche no pude evitar asistir a un baile. Hallábame hacía largo…
Con pasión
Hasta después de su pubertad, nadie advirtió la pasión que la dominaba: el deseo de inspirar compasión. Y ese d…
La tumba
El diecisiete de julio de mil ochocientos ochenta y tres, a las dos y media de la mañana, el guarda del cementerio de Béziers,…
Santa Isabel
Cuando expiró, no sé quién de los presentes dijo, con cierta indiferencia semicompasiva:
—Ya cesó de sufrir.
Y …
El coche en venta
Quiero contarte
que Don Miguel,
aquel pesado …
El jorobadito
Los diversos y exagerados rumores desparramados con motivo de la conducta que observé en compañía de Rigoletto, el joro…
Una civilización que se acaba
(Cuento de Navidad)
La galería que circunda el vasto patio es de mármol blanco. De mármol blanco son las recias column…
Los ojos de Celina
En la tarde blanca de calor, los ojos de Celina me parecieron dos pozos de agua fresca. No me retiré de su lado, como si en medio d…
El último viernes
En cuanto lo hicieron pasar, Carner comprendió que aquel viernes iba a ser distinto. Creyó recordar tímidas premonicio…
Codicia de lo prohibido
Vaya un ejemplo. En mi tierra
había una doncellita
opilada, con gran riesgo,
de puro comer ceniza.
Sus padres…
El converso
Entre Dios y yo todo ha quedado resuelto desde el momento en que he aceptado sus condiciones. Renuncio a mis propósitos y doy por te…
La nariz
CAPÍTULO 3
En el mundo ocurren verdaderos disparates. A veces, sin la menor verosimilitud; súbitamente, la misma nariz que and…
Un silbido
El entusiasmo caldeaba el teatro. ¡Qué debut! ¡Qué Lohengrin! ¡Qué tiple aquella!
Sobre el rojo …
El conductor del rápido
Desde 1905 hasta 1925 han ingresado en el Hospicio de las Mercedes 108 maquinistas atacados de alienación mental
Cierta mañana…
Joselito el valiente
Durante aquellos días de revolución, el Puerto de Santa María presentaba el aspecto de una ciudad deshabitada. Los pa…